Milagros… como en la canción

Pensé que jamás iba a llegar… Si alguna vez el dolor tuvo sabor, entonces pude saborearlo más que un manjar… un manjar amargo.

Ese día escuché esa canción sonar y supe que al fin le pusieron música a mi historia. Creo que había estado esperando una “casualidad” de la vida para poder contar en pocas palabras cuál fue el final de mi historia…el inicio de otra.

Empezaron a sonar los acordes, el “beat”, el “tin tin” del piano tan genialmente acoplado con todo lo demás y de forma simple estaban cantando lo que tanto quería contar.

Cuando se pasa por una prueba o tormenta en la vida y la desesperación ataca y ahoga, siempre aparece. Él siempre aparece, de hecho, siempre estuvo ahí, antes, ahora y después, escribiendo de forma tan poética la historia de cada uno. En mi caso, lo escribió así y en medio de un trajín estruendoso e inacabable, él decidió que mucho iba a brillar para que al final el cuadro completo tuviera matices de colores y fuera una obra perfecta.

La canción seguía sonando y escuché la frase: “Cree en milagros”. Fue ahí donde supe que una simple canción me invitó a reflexionar en el milagro que Él entretejió para contarles a otros que sí existen esos eventos sobrenaturales y raros que nos hacen llorar mientras se van gestando pero que nos hacen reír luego de un rato… Tal vez fue el rato más eterno, el que parecía que no tendría fin jamás, hasta que de nuevo Él hace un trazo más en el lienzo y la vida toma otro rumbo. ¡Cómo duele verlo pintar! Pero al final Sus ojos sobrepasan tal dolor que terminamos perdidos en ellos hasta ver el milagro que sale de su corazón.

Ver la forma como Dios orquesta la vida y usa los momentos más dolorosos para orquestar nuestro corazón y mostrarnos un panorama milagroso es la mejor obra de arte.

¿Qué puedo decir? Yo también creo en milagros. Lo viví. El mío llegó. Él lo hizo. Y una simple canción me lo recordó.

Dios aún lo hace, siempre lo hará con aquellos que se atrevan a creer.

Al final, como lo prometí una vez, le diría al mundo que Él lo hizo todo… Sí, fue Él, nadie más…

Oh, hey, I’m floating up above the world now

de Lizzy Rojas

Casarse o quemarse

“El mayor énfasis cuando se habla de soltería y matrimonio en esta cultura está en ENCONTRAR a la persona correcta. El mayor énfasis que dan las escrituras está en SER la persona correcta. Si te enfocas en ser la persona correcta, entonces Dios te pondrá en el lugar correcto y va a desarrollar las pasiones correctas dentro de ti. Esto es mucho más importante que toda esa ilusión de encontrar a esa persona indicada. Sí, es mejor casarse que estarse quemando, pero es aún mejor controlarse a uno mismo que casarse con tonto… o una tonta. Es más importante que desarrolles una pasión real por Dios que encontrar a una persona que creas que te va a encender esa pasión.
El problema está en las pasiones mal manejadas. El deseo de una relación es como un fuego interno. Es interesante que el fuego sea una sustancia que purifica en su naturaleza y que Pablo compare este fuego con el deseo de una relación. Así de sencillo. Ese deseo es puro y Dios lo puso. No es sucio ni vergonzoso como lo dice la cultura. Sin embargo, cuando no se maneja bien puede causar la mayor destrucción y ser peligroso.
¿Sabías que puedes tener la pasión correcta pero expresarla de forma incorrecta y que esto puede crear un resultado terrible en tu vida? ¿Sabías que lo grandioso que Dios ha puesto en ti y que puede llevarte a tu propósito también puede destruirte si no lo manejas correctamente? Puedes hacer algo bueno de la forma incorrecta y convertirlo en algo malo. Las relaciones y el sexo son algo bueno y esto se enseña poco en las iglesias. Sin embargo, la pasión necesita PARÁMETROS.
fuego

Cuando dejas suelta la pasión que fue creada para expresarse dentro de un matrimonio, estás construyendo un fuego que causará un incendio incontrolable. Si construyes este fuego en el lugar y momento incorrectos, te va a quemar hasta las cenizas. La única relación humana que puede sostener esta fuente de pasión es la relación de PACTO llamada MATRIMONIO. Pablo en 1 de Corintios 7 no está diciendo que apaguemos el fuego, está diciendo que debemos encontrar el lugar correcto para encenderlo. La intimidad y pasión en una relación fuera de estos parámetros puestos por Dios solamente son una falsa ilusión temporal, una destrucción permanente.

¿Qué hacer entonces?

Lastimosamente, en muchas iglesias este fuego se apaga con la VERGÜENZA. La mayoría del tiempo, la vergüenza es la causa del problema, así que NO puede ser nuestra solución hoy. Dios NO nos avergüenza por nuestras luchas ni pasiones. Él simplemente desea que las pongamos en el lugar correcto. Dios nos dice: “Cuando soy el centro de tus pasiones, tu vida va a arder pero jamás se va a quemar. Cuando soy el centro de tu relación, ella va a arder pero jamás se va a destruir”. La lujuria puede encenderte pero solamente Dios puede encenderte que continúes ardiendo. Lo que Dios desea es darte una pasión que se mantenga encendida, no desea darte esa imitación barata de una llama falsa que te quema pero que crea patrones mentales que te van a causar dolor por el resto de tu vida. Eso es lo que quiere el enemigo. Así de simple.
Necesitamos combatir el fuego con el fuego, no con vergüenza porque ella solamente te va a llevar más profundo en tu disfuncionalidad. Las escrituras dicen que nuestro Dios es un fuego consumidor, así que si estás consumiéndote con las pasiones incorrectas… consúmete ahora con las correctas”.

Tomado de la prédica “Marry or Burn” del Pastor Steven Furtick, iglesia Elevation Church

de Lizzy Rojas

Mi relación no funciona…porque tal vez YO no estoy funcionando

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“Todos tenemos preguntas sobre nuestras relaciones, sin embargo, esas preguntas pueden no ser el verdadero problema con el que tenemos que lidiar. Tal vez exista un problema más importante que el que plantean nuestras preguntas y tal vez antes de que Dios nos dé una respuesta específica para ellas, Él desea darnos una SANIDAD para los problemas que manejamos en nuestro yo.

Antes de encontrar a la persona correcta y dañar a la persona correcta, aun no eres la persona correcta porque tienes problemas y asuntos en tu corazón que no has trabajado y estás buscando a alguien que te dé esa seguridad. Antes de que pongas tu felicidad y expectativas en otra persona, Dios desea enseñarte la suficiencia en Cristo que debes tener para que cuando realmente conozcas a alguien, no proyectes en él o ella tus asuntos disfuncionales, convirtiendo a la persona correcta en la incorrecta.

Muchos desean el regalo de una relación sin comprometerse a darse a sí mismos en esa relación. Algunos llegan a las relaciones tan necesitados que se convierten en demandantes en lugar de ser ofertantes… y un discípulo de Cristo siempre ofrece antes de pedir (1 Corintios 7:5)”.

Tomado de la prédica “It is good for a man not to have sexual relations with a woman” del Pastor Steven Furtick, iglesia Elevation Church

de Lizzy Rojas
Vídeo

Mi voluntad, mi plan, mi voto, mi deseo… ¡que lo sepa el mundo entero!

I’m setting the stage for the things I love
And I’m now the woman I once couldn’t be
And nothing on earth could now ever move me
I now have the will and the strength a woman needs

It’s my WILL, I’m NOT moving
‘Cause if it’s YOUR will, then NOTHING can shake me
And it’s my will to bow and PRAISE YOU
I now have the will to praise my GOD

Complexity haunts me for I am two girls
Entrenched in a battle that I’ll never win
My discipline fails me, my knowledge it fools me
But YOU are my shelter, all the strength that I need

I’m learning to give up the rights to myself
The bits and the pieces I’ve gathered as wealth
They never compare to the joy that YOU bring me
The peace that You show me is the strength that I need

IIt’s my WILL, I’m NOT moving
‘Cause if it’s YOUR will, then NOTHING can shake me
And it’s my will to bow and PRAISE YOU
I now have the will to praise my GOD

It’s Your will, it’s Your will… AND MINE.

Aunque sea una canción en otro idioma, una poesía, un salmo, un verso… el voto de amor que se hace con Dios trasciende todas las barreras de distancia, tiempo, idioma, realidad, situaciones, etc.

Con esto, solo quiero compartir que el voto que hice con Dios es para toda la vida y más allá. Si de algo estoy convencida es que nada ni nadie me moverá de haber tomado esta decisión. ¡Que lo sepa el mundo entero! Así como muchos publican fotos momentáneas, su dolor, sus triunfos, sus angustias, sus miedos, yo deseo publicar que mi voto es adorar al único que me ha amado de verdad. Su voluntad es que le ame y pues así será y todo en mi vida girará alrededor de cumplir Su sueño… de hacerlo feliz.

Él anda buscando adoradores en espíritu y en verdad, gente que le diga sí y no mire atrás, gente valiente que le ame en un mundo que ya no ama, gente decidida que ponga el sueño de Dios antes que el propio en un mundo que sueña solo en sí mismo…

De nuevo dije sí…

Ahora Él te está buscando a ti…

de Lizzy Rojas

A veces no hay explicación

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Llegan a un punto donde la gente no los entiende.

Se preguntan por qué viven de forma diferente.

A veces, en mi caso, me siento como Ana, incomprendida. Fue tan profunda su oración que la creyeron ebria… ebria, loca, terca, digna de lástima, olvidada. Pero ella continuó hasta ver a su Dios responder, y responder con bombos y platillos: dándole más de lo que pidió… todo por su fe, por su voto, por la entrega de su sueño más profundo. Ana quemó en el altar de Dios el sueño que aún no era realidad como una ofrenda de adoración. Adoró antes de ver, de oír, de tocar y de abrazar su petición. Adoró aún sin saber si la respuesta de Dios iba a ser un sí o un no. Simplemente adoró… aunque nadie lograra comprender su fe ciega ni lo que el Señor podía decirle a solas en oración (1 Samuel 1). Así me siento.

Pero lo que ellos no entienden es que cuando alguien hace un voto con el Señor, esa persona está rindiendo todo y exponiéndose a todo, a las locuras de Dios. Esa persona va a morir, como la semilla de trigo (Juan 12:23-26). Ellos no entienden que ese voto va más allá de la realidad natural. Es un trato eterno y la gente que dice sí a él va a morir. ¡¿Cómo, entonces, no vamos a sentirnos desesperados, cansados y abrumados muchas veces?! ¡Nos están transformando! ¡Estamos cambiando nuestra vida por la de alguien más: la de Jesús! Estamos muriendo… y eso duele. Es por eso que la gente no entiende, porque los caminos de Dios no son para entenderse. Son para creerse.

¿Quién quiere decir sí?

Debe darse cuenta que va a morir. Va a morir para traer mucho fruto. Ya no será él o ella, sino Cristo. De todas formas, es hora de que lo vean a Él. Es hora de que Cristo se vea antes que yo.

Por eso, otro día más, digo sí… Aunque no lo entiendan.

de Lizzy Rojas

Mi decisión es…

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   Últimamente he estado aprendiendo sobre el tiempo, la espera, las decisiones, el propósito, la fe, la confianza y el papel de Dios en todo esto. He escuchado prédicas, he visto videos, he leído libros, he estudiado versículos relacionados con Dios y su misterioso concepto del tiempo y de su voluntad… además de que he vivido en carne propia lo exasperante y confuso que es esperar. Surgen muchos miedos e inseguridades, muchas dudas: “¿y si me estoy equivocando con lo que pedí en oración? ¿y si Dios no me escuchó? ¿y si Dios se atrasa o se equivoca? ¿y si Dios está esperando que actúe? ¿y si Dios está esperando que espere?” Y si, y si, y si…!!!!!

   Además de esas monstruosas y necias inquietudes, se suman las mil voces de todo aquel que quiere opinar (a quienes se les agradece mucho su intención de ayudar… que quede claro): “Me parece que debes poner un tiempo límite a Dios porque no puedes pasar con esa incertidumbre un año más”. “El tiempo es oro, no lo puedes perder esperando”. “¡Pide señales!”. “Yo no podría aguantar tanto”. O muy probablemente haya uno que otro que piense pero no exprese:”Pobrecita, la verdad no creo que le respondan lo que espera”.

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   Cuando se trata del tiempo y de Dios, la mente humana entra en un caos explosivo de confusión. Nuestro tiempo lucha contra el tiempo de Dios, el cual jamás se podrá medir ni con un reloj Swatch. Nuestros intentos de apresurar a Dios para que actúe se intensifican tanto que seguramente él se siente como una olla de presión. El miedo sube su categoría hasta convertirse en el verdadero monstruo debajo de la cama que nos persigue día y noche para aniquilarnos con un cuchillo en forma de reloj. Jamás puede faltar doña comparación, quien es especialista en susurrarnos: “Viste, aquel tiene ya lo que tú no. ¿Qué te parece? Debe ser porque es mejor y más bueno que tú. Yo, en tu lugar, me consolaría con resignarme a que otros sí y yo no. Piénsalo. Esa es buena opción”.

Silencio. Silencio. ¡¡¡Silencio!!!

   El libre albedrío que Dios nos dio nos deja decidir por tres caminos: 1. Me adelanto y busco mis opciones porque Dios se tarda mucho y yo no soy eterna como Él. 2. Me atraso y me resigno a que nada va a pasar y miro  oportunidades pasar frente a mí y gritarme: “Hey, ¡despierta! Ésta es para ti. Tómala. ¡Hey!… ¿no la ves? Hey, te estamos hablando. Se va a ir y ¿no la vas a tomar? ¿¡Qué te pasa!?” 3. Esperar… ¿Esperar qué?

   Esperar a que Dios guíe, dé instrucciones, muestre el camino, abra puertas, traiga personas o se las lleve.

   Tal vez para muchos es incomprensible pero ésta es mi decisión: Hoy no tengo un sí o un no, aún no tengo un panorama claro de lo que va a pasar, hoy no veo nada y la realidad parece muerta, hoy no tengo la certeza de a dónde ir pero sí tengo un “espera” y decido esperar… Esa es mi decisión. Decido esperar a quien amo porque Él me ama. Decido esperar porque Él sí sabe qué hacer, porque Él sí sabe cuándo y cómo hacerlo. De todas formas, Él me espera a mí con paciencia. Decido esperarlo y ser una de las que conocerán que Él es el Señor y que los que confiamos en Él NUNCA seremos avergonzados (Isaías 49:23).

Sólo debo estar ATENTA…

de Lizzy Rojas

Dije sí…

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Tal vez no he viajado a ningún país, tal vez no he cambiado de modelo de carro. Tal vez no tengo mil seguidores ni en Twitter ni en Facebook, de hecho no tengo Facebook. Tal vez no vivo en un residencial con piscina, tal vez no tengo un disco grabado ni un canal en YouTube. Tal vez no tengo el mejor estilo de moda ni salgo en revistas. Tal vez aún no he vivido la bendición de llegar a casa y ver a ese chico guapo esperándome todos los días y a pequeñas personitas llamándome mamá. Tal vez no tengo muchas pertenencias, ni fama, ni dinero. Tal vez para muchos desperdicio mi vida, se me escapa la juventud, se me acaban los días… “¡Dios! Pero, ¿qué está haciendo? ¿Por qué no sale y vive? Pobrecita, ¡Qué tontita!”…

Tal vez he llorado bastante. Tal vez he esperado más que otros. Tal vez se me ha quebrado el corazón y no tengo respuestas a mis preguntas. Tal vez he tenido manos llenas y de un día a otro quedaron vacías o me he desesperado por muchos obstáculos o el camino no ha sido como lo imaginé. Tal vez el dolor me quebró los huesos del alma y quedaron cicatrices que no todos entienden y por eso me gritan: “¿¡Para dónde vas!? ¡Escoge otro camino! ¡Eso no es vivir!”

Tal vez no tengo todo pero sí tengo lo que me hace vivir: un cuarto donde le puedo hablar y nadie nos ve, donde he llorado y me ha consolado, donde hemos escrito sueños, aventuras y promesas, donde lo escuché por primera vez, donde me abrazó, donde me despertó mientras dormía para sacarme una sonrisa. Tengo una voz que me acompaña noche y día y me cuenta secretos, me da estrategias y me indica por dónde ir, aunque a veces no quiera pasar por ahí. Tengo la poesía más romántica, sabia y profunda impregnada en 66 libros que otros amigos escribieron. Tengo algunas canciones que le canto y que le gusta oír. Tengo un corazón que me explota cada vez que se acerca porque es como si intentara contener el cielo y la tierra y más allá, porque Él va más allá. Eso es lo que tengo…

Tal vez no tengo lo que el mundo ofrece, pero sí tengo lo que Él me regaló. Llegar ahí me ha costado la vida, los sueños, lágrimas y mucho dolor. Sin embargo, tenerlo a Él me prepara para el último día de mi vida decir: “Todo lo viví”. Para muchos será extraño, religioso o fanático. Para mí habrá sido mi vida, para lo que nací. Me llamó a esto… y le dije que sí…

¿A qué te llamó Él?…

de Lizzy Rojas

¿Por qué no puede ser más fácil?

            ImagenComo humanos, es normal tener cierto rechazo y poco disfrute de los desiertos y se tiende a huir de ellos porque existe el temor de sufrir, perder, incomodarse o incluso aceptar algo a lo que no nos sentimos preparados. No obstante, solamente cuando se ha pasado por esas tierras secas, se llega a entender la importancia y el valor inigualable de esa etapa. Es por esta razón que puede ser contradictorio mencionar que aún los desiertos ofrecen cierto disfrute y crecimiento en la presencia de Dios por medio del dolor.

            Muchos huimos a los llamados desiertos por temor a sufrir. Sin embargo, Dios puede tener otros planes necesarios para cada uno. Las pérdidas inesperadas representan un sufrimiento profundo que hace del camino algo oscuro y sin esperanza, como si hubiera llegado el final del propósito que Dios podía tener con nosotros. No se entienden las razones por las que se comienza a experimentar tal dolor ni se comprende qué pudimos haber hecho para merecer dicho “castigo”. No imaginamos simplemente los pasos que podemos dar en medio de una tierra sin vida y seca.

            En medio de un dolor tan agudo y como último recurso, podemos tomar la decisión de aventurarnos a atravesar ese valle con ojos cerrados y dispuestos a conocer lo que tanto hemos escuchado de un Dios consolador y galardonador de los que le buscan. A ciegas y sin saber qué vamos a vivir, nos podemos disponer a dejar que Dios guíe cada uno de nuestros días y comience a llevarnos hacia la salida del desierto. Muchas veces pensamos que Dios puede comenzar abriendo puertas a nuevas oportunidades para alegrarnos un poco, sin embargo, su camino es más alto que los nuestros y su dirección nos puede llevar por la etapa del perdón, sanidad mental, sanidad emocional, bendición de aquellos que causaron heridas, aceptación de un nuevo propósito y oración, mucha oración. Paralelamente, mientras se nos desgarra el alma al exponernos al verdadero estado de nuestro corazón, el Espíritu Santo comienza a guiarnos en un recorrido vivo por su Palabra y de ahí es donde nace una fuerza que hoy no podemos explicar. Poco a poco, se va viendo un despertar en el espíritu y una sed insaciable de pasar horas a solas con Jesús. Cada versículo de consuelo, paz, sanidad y perdón toman vida mientras se ven verdades sobrenaturales en nuestro mundo natural.

            A pesar de que Dios puede darnos una sanidad completa, muchas veces Él no termina su trabajo inmediatamente. El desierto continúa. Al tiempo se cuenta con más estabilidad emocional y espiritual pero falta la prueba mayor: la confianza en Dios como soberano. El desierto es seco, sin vida, es vacío y doloroso. ¿Cómo confiar en que vamos a salir de ahí si más bien parece que nos adentramos cada vez más en él? ¿Cómo confiar en Aquel que nos había prometido una recompensa y una salida de tal situación si Él mismo ha establecido que aún no es el final? ¿Cómo confiar en Dios si Él utiliza estrategias inesperadas e inentendibles para hacernos depender de Él y esas estrategias duelen hasta lo más profundo del alma? De alguna u otra forma, creo que el pueblo de Israel pudo haberse sentido así cuando cruzó el desierto. No obstante, el ser humano no ve el cuadro completo ni lo que Dios Todopoderoso hace “detrás del telón”. De ahí comienza la dirección de Dios para acercarnos a lo que más miedo le tenemos: a confiar en Él.

            De inicio a fin, Dios guía y su fidelidad acompaña en cada una de las etapas siendo Él la única fuente de vida, refugio, poder, soberanía, paz y amor… todo lo suficiente y más se encuentra en su dirección a través de una etapa de un tiempo doloroso y árido. Ayer, hoy y siempre se mostrará que todos los caminos, algunos más largos que otros, llevarán a su propósito eterno de AMOR y RELACIÓN.  Al final, cuando Él muestre la salida de cualquier desierto que estemos pasando, muchos podrán decir: “Ese es el Dios a quien queremos seguir. Sólo Él pudo haber hecho tal milagro”.

de Lizzy Rojas

De un extremo a otro

“Solo una vida hay… una, una, UNA!!! solo un hoy hay… uno, uno, UNO!!! y nunca, nunca, NUNCA va a volver un día igual…entonces mejor vivir hoy como si fuera el último día de la vida: sonriendo, abrazando, dando palabras positivas, trabajando, compartiendo, perdonando, restaurando, construyendo, adorando, cantando, pero sobre todo AMANDO… qué más? ya no gaste su tiempo en lo contrario a esto!” Esta fue una pequeña publicación que puse en mi muro hace unos días y la escribí pensando en cómo se va la vida tan rápido y en el poco valor que le damos a lo bueno, justo, amable y perfecto, como lo dice la Biblia: “en esto pensad…” (Filipenses 4:8)

He visto últimamente que los humanos tenemos un comportamiento bastante particular y parece que nos acomodamos tanto a él, que preferimos seguir viviendo de esa manera antes de cambiar. Es como si obligáramos a nuestra mente a estructurarse a lo negativo, a lo rápido, a lo superficial, a lo fácil, creyendo que si la estructuramos para hacer lo contrario, se nos puede complicar la vida y eso nos obliga a dar la milla extra. Lo que pasa es que nos hemos esforzado poco en probar lo opuesto: lo positivo, lo lento, lo profundo, lo complejo… si tan solo entendiéramos que probando este lado de la vida, a pesar de que parezca o sea más complicado, nos da mayor plenitud cada día, nos sentiríamos más completos y satisfechos con nosotros mismos y con lo que tenemos, además descubriríamos parte de nuestro propósito de existir.

Creo que es urgente cambiar de mentalidad, de actitud, de visión, de misión… pasar de emociones a convicciones, de dudas a decisiones, de lo superficial a lo profundo, de los pleitos a la paz, de gastar el tiempo en lo negativo a invertirlo en lo positivo, de la humanidad a la espiritualidad, de lo pomposo a lo sencillo, del odio al amor, de la división a la unión, y del ruido al silencio para aprender a escuchar, pero sobre todo aprender a escuchar a Dios, quien muchas veces habla hasta que nos quedemos callados.

de Lizzy Rojas

¿Inquisición Contemporánea?

La historia humana a veces asusta. Hace muchísimos años se castigaba a las personas que fallaban o que iban en contra de la doctrina de la iglesia de muchas formas. Haya sido por un pecado o por una diferencia de pensamiento, éstos ya estaban destinados a morir o a vivir en tortura toda la vida. Queda claro que los valores de la tolerancia, el perdón y la gracia no existían. Esto fue parte de la inquisición: una época muy oscura en la historia eclesiástica. Pasaron muchos años para que esta práctica se terminara y así poder implementar la gracia que el sacrificio de Jesús trajo al mundo. No es algo desconocido que Jesús vino a cambiar la forma como los humanos se trataban unos a otros, y claramente, Él vino a fundar una iglesia como la que Él espera: practicante de la gracia, misericordia, perdón, restauración y sobre todo amor.

Sin embargo, me pregunto hoy: ¿Será que la inquisición regresó? Muy bien, es cierto que ya no se tortura físicamente a nadie ni se ven en las calles personas ensangrentadas en sufrimiento y dolor por algún pecado o error. No, ya eso no se ve, al menos no en esas magnitudes. Pero… entonces ¿qué tipo de inquisición se vive hoy?

Es simple. Veamos el comportamiento humano alrededor, sobre todo en las iglesias, y podremos distinguirlo. Si alguien falla, comete pecado, o se equivoca, simplemente la solución es señalarlo, criticarlo, trasquilarlo moralmente y casi que desterrarlo. Ya esa persona queda con la etiqueta negativa de su error y en lugar de que alguien lo levante y le ayude a reponerse, simplemente se cree que no tiene remedio y se le aísla del grupo y aún muchas veces de la congregación. Claro, no se puede generalizar. No todas las personas reaccionan como los inquisidores, sin embargo, esos son muy pocos. También es cierto que a muchas personas que fallan se les ofrece ayuda y no la reciben por diferentes razones, pero lo que ha estado sucediendo es que ni siquiera se ofrece la restauración en estos tiempos. Así de fácil: “Fallaste… ¡Estás mal!” Y luego de eso… ¿qué?

En este caso, ¿qué haría Jesús? No lo imagino tomando una piedra para lanzarla de primero a la mujer adúltera, ni tampoco rechazando a Zaqueo por su condición social, mucho menos crucificando a Judas junto con él. ¡En lo absoluto! Jesús hizo todo lo contrario. Cuando alguien fallaba, él era el primero en ofrecer su mano para levantarle. Por eso él fue el único que quedó con la mujer adúltera dándole otra oportunidad, él fue el único que quiso visitar a Zaqueo en la intimidad de su hogar con el fin de llegar al corazón de él y mostrarle la salvación, él fue el único que amó a Judas hasta su último respiro en la cruz. Creo que Jesús era y es enemigo de la inquisición espiritual y moral que se vive en nuestra sociedad, en nuestras iglesias.

Es tiempo de dejar de ver a los que fallan por encima del hombro. La palabra de Dios dice: “1 No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes.2 Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes. 3 »¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo” , cuando ahí tienes una viga en el tuyo?5 ¡*Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano”. Mateo 7:1-5

Así de claro y directo fue Jesús cuando dijo estas palabras. Así de claros y directos deberíamos ser los que le seguimos. Ya basta de pisotear al que cae y ver quién es mejor o peor. Esa no es la voluntad de Dios. Su voluntad es agradable y perfecta. Por eso dejó escrito el mayor de los mandamientos: “34 Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros”. Juan 13:34

Todo se resume en una sola cosa: AMOR. Si no somos capaces de tener amor los unos por los otros, A PESAR de sus errores y pecados, no podemos seguir a Jesús. Estaríamos siguiéndonos a nosotros mismos. La iglesia de Cristo ha fallado, es cierto, pero todos los días hay esperanza de enmendar nuestros errores y demostrarle al mundo en lo que creemos: en el amor de Dios hacia todos y cada uno.

de Lizzy Rojas