De un extremo a otro

“Solo una vida hay… una, una, UNA!!! solo un hoy hay… uno, uno, UNO!!! y nunca, nunca, NUNCA va a volver un día igual…entonces mejor vivir hoy como si fuera el último día de la vida: sonriendo, abrazando, dando palabras positivas, trabajando, compartiendo, perdonando, restaurando, construyendo, adorando, cantando, pero sobre todo AMANDO… qué más? ya no gaste su tiempo en lo contrario a esto!” Esta fue una pequeña publicación que puse en mi muro hace unos días y la escribí pensando en cómo se va la vida tan rápido y en el poco valor que le damos a lo bueno, justo, amable y perfecto, como lo dice la Biblia: “en esto pensad…” (Filipenses 4:8)

He visto últimamente que los humanos tenemos un comportamiento bastante particular y parece que nos acomodamos tanto a él, que preferimos seguir viviendo de esa manera antes de cambiar. Es como si obligáramos a nuestra mente a estructurarse a lo negativo, a lo rápido, a lo superficial, a lo fácil, creyendo que si la estructuramos para hacer lo contrario, se nos puede complicar la vida y eso nos obliga a dar la milla extra. Lo que pasa es que nos hemos esforzado poco en probar lo opuesto: lo positivo, lo lento, lo profundo, lo complejo… si tan solo entendiéramos que probando este lado de la vida, a pesar de que parezca o sea más complicado, nos da mayor plenitud cada día, nos sentiríamos más completos y satisfechos con nosotros mismos y con lo que tenemos, además descubriríamos parte de nuestro propósito de existir.

Creo que es urgente cambiar de mentalidad, de actitud, de visión, de misión… pasar de emociones a convicciones, de dudas a decisiones, de lo superficial a lo profundo, de los pleitos a la paz, de gastar el tiempo en lo negativo a invertirlo en lo positivo, de la humanidad a la espiritualidad, de lo pomposo a lo sencillo, del odio al amor, de la división a la unión, y del ruido al silencio para aprender a escuchar, pero sobre todo aprender a escuchar a Dios, quien muchas veces habla hasta que nos quedemos callados.

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de Lizzy Rojas