Mi decisión es…

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   Últimamente he estado aprendiendo sobre el tiempo, la espera, las decisiones, el propósito, la fe, la confianza y el papel de Dios en todo esto. He escuchado prédicas, he visto videos, he leído libros, he estudiado versículos relacionados con Dios y su misterioso concepto del tiempo y de su voluntad… además de que he vivido en carne propia lo exasperante y confuso que es esperar. Surgen muchos miedos e inseguridades, muchas dudas: “¿y si me estoy equivocando con lo que pedí en oración? ¿y si Dios no me escuchó? ¿y si Dios se atrasa o se equivoca? ¿y si Dios está esperando que actúe? ¿y si Dios está esperando que espere?” Y si, y si, y si…!!!!!

   Además de esas monstruosas y necias inquietudes, se suman las mil voces de todo aquel que quiere opinar (a quienes se les agradece mucho su intención de ayudar… que quede claro): “Me parece que debes poner un tiempo límite a Dios porque no puedes pasar con esa incertidumbre un año más”. “El tiempo es oro, no lo puedes perder esperando”. “¡Pide señales!”. “Yo no podría aguantar tanto”. O muy probablemente haya uno que otro que piense pero no exprese:”Pobrecita, la verdad no creo que le respondan lo que espera”.

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   Cuando se trata del tiempo y de Dios, la mente humana entra en un caos explosivo de confusión. Nuestro tiempo lucha contra el tiempo de Dios, el cual jamás se podrá medir ni con un reloj Swatch. Nuestros intentos de apresurar a Dios para que actúe se intensifican tanto que seguramente él se siente como una olla de presión. El miedo sube su categoría hasta convertirse en el verdadero monstruo debajo de la cama que nos persigue día y noche para aniquilarnos con un cuchillo en forma de reloj. Jamás puede faltar doña comparación, quien es especialista en susurrarnos: “Viste, aquel tiene ya lo que tú no. ¿Qué te parece? Debe ser porque es mejor y más bueno que tú. Yo, en tu lugar, me consolaría con resignarme a que otros sí y yo no. Piénsalo. Esa es buena opción”.

Silencio. Silencio. ¡¡¡Silencio!!!

   El libre albedrío que Dios nos dio nos deja decidir por tres caminos: 1. Me adelanto y busco mis opciones porque Dios se tarda mucho y yo no soy eterna como Él. 2. Me atraso y me resigno a que nada va a pasar y miro  oportunidades pasar frente a mí y gritarme: “Hey, ¡despierta! Ésta es para ti. Tómala. ¡Hey!… ¿no la ves? Hey, te estamos hablando. Se va a ir y ¿no la vas a tomar? ¿¡Qué te pasa!?” 3. Esperar… ¿Esperar qué?

   Esperar a que Dios guíe, dé instrucciones, muestre el camino, abra puertas, traiga personas o se las lleve.

   Tal vez para muchos es incomprensible pero ésta es mi decisión: Hoy no tengo un sí o un no, aún no tengo un panorama claro de lo que va a pasar, hoy no veo nada y la realidad parece muerta, hoy no tengo la certeza de a dónde ir pero sí tengo un “espera” y decido esperar… Esa es mi decisión. Decido esperar a quien amo porque Él me ama. Decido esperar porque Él sí sabe qué hacer, porque Él sí sabe cuándo y cómo hacerlo. De todas formas, Él me espera a mí con paciencia. Decido esperarlo y ser una de las que conocerán que Él es el Señor y que los que confiamos en Él NUNCA seremos avergonzados (Isaías 49:23).

Sólo debo estar ATENTA…

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de Lizzy Rojas