O me amo o no seré capaz de amar a otros

Ama a tu prójimo como a ti mismo“. Mateo 22:37

Me mandaron a amar. Así de sencillo. No es una decisión que tome cuando esté lista. No es una elección. No es algo que sienta…O lo hago bien o simplemente a nada vine aquí.

¡Con razón Dios ES amor! ¡Claro! Si es lo mejor que puede existir. ¿De dónde más va a venir el amor sino es de Él? Pues sí, cuesta a veces, talvez la mayoría del tiempo. Duele, pero saca lo mejor de nosotros. Y es que amar a Dios es tan bello… pero es como una red, todo está entrelazado:

Él me ama – Yo lo amo

Él ama a otros – Otros lo aman

Yo amo a otros – Otros me aman

Pero… ¿me amo a mí?

Como todo es una red y un mandato, o lo hago bien o a nada vine aquí, repito. De nada me vale “amar” a otros sino me amo a mí. Y que quede claro, no es un amor egocéntrico donde todo gira alrededor de mí. No. Es un amor que a muchos nos cuesta desarrollar: “Me amo, me ACEPTO, tengo errores, no soy perfecto, NO soy invencible, NO lo sé todo, soy como soy, grande, pequeño, serio, sonriente, con la edad que tengo, con lo que he conseguido, aunque aún no tenga lo que quiero… pero me amo”.

Una vez que me ame, será más sencillo amar y aceptar a otros. Jamás voy a desear lo peor para mí ni mucho menos hacerme algún daño. No tendré auto-lástima ni diré: “Pobrecita yo”. Por lo tanto, no haré nada de eso con nadie. Todo lo bueno en mis relaciones, aún con Dios, empieza en… MÍ, con mi actitud para amar. Así poco a poco se teje la red.

Entonces, o lo hago como a Dios le gusta o no estoy logrando mi propósito… simplemente estaría sin él y Dios no quiere eso para mí ni para nadie… ni ayer, ni hoy, ni nunca.

de Lizzy Rojas

Cada día cuenta

Cada día que pasa es uno menos para cumplir los sueños. No significa que debemos desear que pase el tiempo rápido y así convertir nuestra vida en algo mecánico que se vuelve emocionante solo hasta que el sueño se haga realidad. No. Significa que cada día cuenta. Es como una pirámide: cada ladrillo la forma, si faltara uno, es posible que exista un desbalance y la pirámide caiga o no sea sólida.

“Sacarle el jugo” a cada día depende de nosotros mismos. Podemos vivir los días desperdiciando el tiempo en amarguras, dolores, preocupaciones, miedos, pleitos, divisiones e incluso haciendo nada productivo que nos haga crecer. O podemos sacarle provecho a cada segundo trabajando, estudiando, creciendo, ayudando, sonriendo, AMANDO… así, esperaremos por el cumplimiento de nuestros sueños con mayor esperanza, alegría, emoción, pero sobre todo con la experiencia y madurez que necesitamos para cuidar del sueño una vez que lo tengamos en nuestras manos. De nada nos sirve correr, porque podemos tropezar. De nada nos sirve esperar pasivamente, porque podemos perder oportunidades. De nada nos sirve desenfocarnos, porque nunca llegaremos al propósito que Dios nos tiene. De nada nos sirve presionar el tiempo porque nos desgastamos sin lograr nada. Lo que nos sirve es vivir, simplemente VIVIR!

Por eso, cada día que pasa es uno menos para cumplir nuestros sueños. Siempre y cuando los vivamos al máximo y con Dios de la mano, la espera será una aventura en lugar de un dolor de cabeza. Cada día que pasa debe traer esperanza, crecimiento y madurez. Cada día que pasa debe vivirse al máximo ya que de eso dependerá cómo se construya nuestro futuro. Si pasan los días y nuestra vida sigue siendo la misma, es posible que nuestros sueños se alejen. Depende de nosotros que los sueños lleguen a su fin, se atrasen por años o bien, nunca se cumplan.

de Lizzy Rojas

Esperanza

A veces no la entiendo, a veces no sé qué es o qué significa, pero he vivido por ella. Me la nombran y es como si imaginara un suspiro, algo muy delicado. A veces no la determino y quiero tirarla y jamás saber de ella, porque me ha hecho esperar por mil sueños que pensé que venían y más bien se fueron. Me ha hecho sentir frustrada, triste, olvidada, traicionada y es ahí donde no la quiero, donde la niego en mi dolor, en mi impotencia. De repente, abro los ojos a otro día más y ella sigue ahí. Nunca quiere irse. Me recuerda que desperté para que la viviera otra vez. Ella me persigue y persiste en que la tome de la mano, en que le crea. Lo intento de nuevo, le tomo su mano y emprendo el viaje de nuevo. Me doy cuenta que aunque me hace esperar, ella sigue estando ahí. Entonces respiro, la siento como ese suspiro adentro muy adentro. ¿Qué quiere? Me pregunto. ¿Qué me quiere enseñar?

El camino que emprendemos juntas no es fácil, siempre soy yo la que la quiero dejar para no sentirme como una niña que espera por algo que no ve y quedar en ridículo frente a todos. Sin embargo, adentro muy adentro, sigue estando ella. Es como si fuera un secreto el que ocultamos, solo ella y yo lo sabemos porque ella me hace esperar por lo que espero…

Hoy, hoy no puedo y me tengo que rendir. Tengo que rendirme y decir: TENGO ESPERANZA. ¿Esperanza para qué? Para todo! Para mí, para ti, para todos. Ella viene de Dios… jamás me podré deshacer de ella, ya es definitivo. No lo lograré, porque Dios es ESPERANZA. Así que, no me queda más que dejarme llevar por ellos… ellos que son los que me esperan cada día para despertar y los que me impulsan a soñar. A veces me dicen: Sssshhhh!!! No cuentes aún tu sueño, déjalo ser una aventura porque cuando llegue podrás gritarlo a los 4 vientos, listo, perfecto, mágico, TUYO!

Así es ella, así es él. Esperanza y Dios… Podemos ser uno solo, cumplir lo que soñamos y luego seguir esperando… esperando por mucho más…

de Lizzy Rojas

Planes o sorpresas

A veces las cosas no tan planeadas son mejor… incluso pueden ser sorpresas que vienen de Dios.

La vida se compone de dos lados: lo planeado y lo sorprendente. Si no existieran los planes, habría un gran desorden. Si no existieran las sorpresas, habría un gran aburrimiento. Y como siempre, Dios todo lo balancea, por eso la vida es tan emocionante. Sin una o la otra, la vida no sería vida y no podríamos conocer una de tantas características de Dios.

Es bueno planear, ser organizados. A veces las estructuras de orden y tiempo son muy necesarias para cumplir metas y sueños. No debemos pasar por alto que el mismo Dios ya tenía un plan para cada uno: así, todo escrito en su libro de historias. Si no lo hubiera hecho, pues su propósito no sería perfecto. Además, Él nos enseña la importancia de los planes… En sí, los planes son buenos, siempre y cuando estén alineados a Él.

Pero también las sorpresas y lo inesperado es bueno. Eso hace la vida emocionante, linda, como una aventura. Y es que Dios es así: emocionante, lindo, como una aventura. Él no es para nada aburrido y por eso permite muchas veces que vivamos sorpresas y que nos salgamos un ratito de las estructuras. Lo curioso es que lo que es inesperado para nosotros, Dios ya lo tenía planeado, pero lo planeó tan perfecto desde antes de que naciéramos que así le pone esa chispa de emoción para hacer nuestra vida más hermosa.

Así que estemos a la expectativa de lo sorprendente de Dios, tal vez de un pronto a otro vivamos una aventura que Él ya planeó para cumplir su propósito en nosotros.

de Lizzy Rojas

Reconocer: con ojos bien abiertos

Desde que abrimos los ojos en la mañana, reconocemos. Reconocemos la luz, el dormitorio, los muebles. Sabemos que el entorno es familiar porque lo conocimos una vez y está con nosotros a diario. Reconocemos la cara de nuestros familiares a la hora del desayuno, reconocemos que son nuestra familia. Al ir a trabajar o a estudiar, también reconocemos lo que nos rodea e incluso a veces lo pasamos desapercibido porque se ha convertido en parte de la vida diaria y ya no es tan emocionante como la primera vez que lo vimos.

Sin embargo, en el trajín de la rutina, a veces no reconocemos lo importante. Perdemos oportunidades, personas, trabajos, puertas que se nos abren y que pueden cambiar nuestra vida por completo, solamente por no RECONOCER!

El autor del libro La ley del reconocimiento, Mike Murdock dice: “Todo lo que necesitas ya se encuentra en tu vida esperando solamente que lo RECONOZCAS”. Es cuestión de tener los ojos bien abiertos, los oídos muy atentos, el corazón dispuesto y la mente en contacto con la de Dios. Así de simple. Si prestamos atención a cada minuto de nuestra vida, es posible que logremos reconocer las oportunidades que estábamos esperando y que creíamos lejos o imposibles. Ellas pueden estar a la vuelta de la esquina o incluso a nuestro lado, solamente que no las hemos reconocido.

Así que sea lo que sea que esperemos, sepamos reconocer lo que Dios nos dice y nos da dentro de nosotros mismos y en los demás. Ahí tal vez encontremos el trabajo de nuestros sueños, un buen amigo, una oportunidad para cambiar la vida a otro, el esposo o la esposa esperados, e incluso, nuestra propia esencia y talentos.

de Lizzy Rojas

Dios en una bicicleta

Su sueño era una bicicleta y esperó demasiado por ella. Empezaron a abrir los regalos del mayor al menor. Ella fue la última. Sin embargo, a pesar de su ansiosa espera, ella podía ver a los demás (13 personas antes que ella) abrir sus regalos de Navidad. Su alegría era tan sincera al ver a los otros recibir lo suyo que no le importó quedar de última. ¡Era la más pequeña! ¿Cómo iba a aguantar las ganas y la emoción de abrir sus regalos de última? Era la espera más lenta, eterna y posiblemente dolorosa. Pero pacientemente esperó su turno. Abrió un regalo tras otro, pero ella sabía que había una recompensa mayor por ESPERAR. Al fin llegó el momento, le taparon sus ojos y ese corazoncito latía muy rápido… ¡qué emoción! 1, 2, 3… y ahí estaba… su bicicleta! Fue tal su alegría que su reacción no fue abrazar su bicicleta. ¡Ella corrió y abrazó a quien le dio el regalo que tanto había esperado! Su madre lloraba por verla tan feliz y ella tenía tanto agradecimiento que también lloró, pero nunca dejó a su mamá. ¡Ya tenía su bicicleta! Esperó mucho por ella, pero al final, en su momento, en su tiempo, la supo disfrutar, simplemente estaba lista para recibirla y recibió más de lo que esperaba.

La niña del video nos da una de las más grandes lecciones de vida. Todos tenemos tiempos de espera. A veces son largos, más largos, casi eternos. Vemos cómo otros logran sus sueños, muchos pasan a nuestro lado y consiguen sus metas, mientras que nosotros seguimos esperando. ¿Cuándo me tocará a mí? ¿Por qué ellos sí y yo no?

Creo que el primer principio que la niña aplicó fue alegrarse con los que logran sus sueños a pesar de que no tenía el suyo aún. Dios nos manda a gozarnos con los que se gozan. Es casi seguro que el egoísmo y la atención única a nuestro yo nos alejen cada vez más de recibir nuestros sueños. Creo que el día que nos alegremos con los que alcanzan sus sueños antes que nosotros, será el día que Dios diga: “estás listo para recibir el tuyo porque ya eres capaz de compartirlo con otros”.

Por otra parte, muchos, cuando recibimos bendiciones y promesas cumplidas, tendemos a amar más esa bendición que al Dador de ella. La niña no hizo más que volverse a su madre con tal gratitud que no dejaba de abrazarla e incluso lloraba de la emoción en sus brazos, pero nunca dejó de agradecer a quien le proveyó su sueño. ¿Será que se nos olvida que Dios es el único que nos da lo que deseamos y solamente nos fijamos en el objeto y no en el Dador? Tan solo imaginemos la alegría que Dios como Padre puede sentir cuando sus hijos reciben lo que esperan. Pero mayor es su alegría cuando sus hijos comparten con él ese momento. De diez leprosos, solo uno se devolvió a agradecerle, solo imaginemos la alegría de Jesús en ese momento. La espera debe enseñarnos a tener nuestro tesoro en el Dador, en nuestro Padre, en nuestro proveedor y así  compartir con él los momentos más felices de nuestras vidas.

¿Te imaginas llorar de gratitud por recibir lo que más has esperado? Pensemos en todas esas veces que esperamos, el dolor que eso produce, las lágrimas, las pérdidas, la ansiedad, la impaciencia, la desesperación, todas las veces que la fe parece morirse cuando no vemos lo que hemos pedido en el tiempo que queremos, la envidia que sentimos porque otros lo logran y yo no, la desesperanza… ¡Seamos como niños! Alegrémonos por los que alcanzan, sigamos creyendo que nuestro tiempo llegará, creamos en un Dios galardonador de los que le buscan, y sepamos agradecerle por regalarnos lo que tanto hemos esperado de tal forma que Él sea más grande que el regalo. La mayor alegría cumplida, el éxito total, la satisfacción más grande debe ser Él… el único capaz de conceder las peticiones de nuestro corazón y aunque tengamos que esperar, es el único capaz de sobrepasar nuestras expectativas.

de Lizzy Rojas

¿Cómo quiero que me recuerden?

Nada en esta vida es eterno (a excepción de Dios, por supuesto), algún día nos tendremos que ir, pero… qué vamos a dejar a los que quedan aquí? Qué van a recordar de mí?

Tenemos dos opciones: pasar desapercibidos o dejar una huella. Si escogemos la primera opción, mejor dejo de escribir porque nadie notará que alguien existió, habremos sido como una hoja que el viento se llevó y a nadie le interesa dónde cayó. Nadie habrá conocido nuestro nombre ni mucho menos nuestra esencia. La verdad, mejor dejo de escribir…

Si escogemos la segunda opción, es seguro que muchos nos recuerden de muchas maneras. Unos por nuestros errores y defectos, otros por nuestras virtudes. Depende de cada uno si los que nos recuerdan por nuestros defectos son más que los que nos piensan por las virtudes. Si escogemos que nos recuerden por lo negativo, entonces seremos como la hoja que se va, como una piedra en el zapato o como una astilla en la mano… el recuerdo no será muy grato. Pero si escogemos dejar una marca positiva en otros, a pesar de los errores, nos recordarán por quienes fuimos:

Humanos, débiles, a veces temerosos, pero transformados todos los días por el amor de Dios. Así de sencillo. Y si el amor de Dios lo sobrepasa todo, entonces de seguro dejaremos una huella en la vida. Lo mejor será que no solo nos recordarán a nosotros, sino que sobre nuestro nombre estará el de Dios. Así de sencillo también, siempre y cuando nos hayamos encargado de ponerlo antes que el nuestro.

Cómo quiero que me recuerden si un día me voy? Posiblemente como alguien amable, humilde y de buen corazón… sí. Pero también como alguien que amó, que amó y que amó. Si nos dedicamos a amar y amar, sabremos que al menos nos esforzamos por hacer lo que Jesús vino hacer: AMAR. Así, pasaremos a segundo plano y pondremos a los demás antes que a nosotros mismos… y pues, de eso trata la vida, del amor, del amor que empieza en Dios y se expande gigante a todo lugar y gente.

Si algún día muriera, quiero que me recuerden como alguien que murió amando…

de Lizzy Rojas

Factor Sorpresa

He aprendido a aplicar el factor sorpresa en la vida. Todos los días hay una sorpresa, algo nuevo, grande o pequeño. Eso hace la vida emocionante, más que en una película. Es algo diario y que dura. Es algo que me quita el control y lo mecánico en mi vida. Estoy como a la deriva pero yendo a lo seguro…un destino seguro porque el factor sorpresa, el factor control, el factor tiempo se llama DIOS.

de Lizzy Rojas

Cositas, cositas…

Me parece que la mayoría del tiempo se nos olvida pensar en las cosas pequeñas de la vida. Es muy común que perdamos tiempo pensando en cuánto dinero ganamos o necesitamos para comprarnos un buen carro o ir de compras a la tienda más de moda que hay en el “mall”, el tipo de casa que quiero tener y la frustración que sentimos porque aún no la podemos tener, ver cómo otros logran algo y yo no, en comparar lo que tengo y enfocarme en lo que me hace falta en lugar de valorar lo que Dios me ha dado.  Perdemos tiempo también peleando con el vecino, el novio, la esposa,  la familia, hasta con el perro y el gato, incluso perdemos muchísimo tiempo convirtiendo la iglesia en un centro de modas y conciertos… creo que se nos olvidó la sencillez y los pequeños detalles.

¿Cuáles pequeños detalles? Pues disfrutar de la comida de la mamá, de la abuela, de la tía, usar los zapatos que tanto nos gustan que tienen huecos pero no lo hacemos porque eso no es “cool”, sonreírle a la gente, soñar y hacer realidad los sueños de Dios, comerse un helado en un parque, jugar, jugar, jugar, ver llover, dar un abrazo, decir te quiero, reír hasta llorar, cantar a todo pulmón aunque no estemos afinados, mirar a los ojos a la persona que queremos y decirle por millonésima vez que le amamos, imaginarnos que Dios es un niño y viene a jugar con nosotros… en fin, se nos ha olvidado poner atención a este tipo de cositas que parecen insignificantes pero que hacen más que una diferencia.

Creo que si Jesús estuviera físicamente en esta generación, valoraría lo más pequeño todos los días. La Biblia dice que seamos fieles en lo poco y él nos pondrá en lo mucho (Mateo 25:21), lo que pasa es que la mayoría se enfoca en lo “mucho” y no le gusta o se les olvida hacer lo “poco”. Creo que el reino de Dios se hace de cosas pequeñas, incluso invisibles. Desde sus 12 años hasta sus 30, no se registra ningún hecho grandioso de Jesús. Es posible que estuviera disfrutando de las pequeñas cositas de su vida y su familia, porque sabía que así lograría impactar a muchas generaciones. Trato de imaginar a Jesús limpiando la mesa para comer mientras su mamá cocinaba, o tal vez hablando con su vecino, yendo al supermercado, leyendo la Biblia mil veces, estudiando, incluso aprendiéndose canciones para cuando le tocara cantar en la iglesia; simplemente enfocado en las pequeñas piezas del rompecabezas de su vida para llegar a sus 30 y explotar hacia el propósito que tenía en la tierra: amar y salvar al mundo. Él fue fiel en lo poco y Dios lo puso en lo mucho.

Que no se nos olviden las cositas, lo pequeño, lo cotidiano, lo que de verdad vale en la vida. Lo demás como las cosas grandes vendrá por añadidura si mantenemos nuestro tesoro y corazón en Dios.

de Lizzy Rojas

También dependo

Leyendo el artículo de Dependencia en Esperanza Blog (http://miesperanza.tumblr.com) me di cuenta de que Dios trata todos los días de enseñarnos a depender solo de Él. A mí también me pasó y me está pasando: necesito aprender a depender, depender, depender… así tendré más libertad, libertad, libertad!!! Es cierto, pasa! Mil veces dependemos de nosotros mismos, de gente, de cosas materiales, etc. Y luego de un tiempo chocamos con pared y nos damos cuenta de que de nada nos sirvió depender de lo mortal y no de lo eterno.

A mí me pasó. Creía que tenía todo seguro, creí en promesas hechas por humanos, creí que mi vida, mi futuro estaban marcados conforme a mi tiempo, a mi forma y con la gente que yo quería, y se me había olvidado incluir a Dios en mis planes. Dependía de lo pasajero en lugar de depender de lo eterno. Y bueno, me lo quitó todo… perdí cosas, personas que amo, incluso a veces siento que me quitño algunos sueños, me sentí con manos vacías, como en una penumbra, en confusión, sin entender nada de lo que pasaba, quedé sin mí, sin mi confianza, sin mi CONTROL… todo para aprender al final que es a Su manera, en Su tiempo, con Sus recursos, con Su gente, con Su CONTROL. Aun sigo día a día en la lucha contra mi independencia de él, pero no me arrepiento de nada, porque si lo tengo a Él lo tengo TODO!

de Lizzy Rojas